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Ene 15 12

Ponerse en los zapatos del otro

La empatía (del vocablo griego antiguo εμπαθεια, formado εν, ‘en el interior de’, y πάθoς, ‘sufrimiento, lo que se sufre’), llamada también inteligencia interpersonal en la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.

La empatía describe la capacidad intelectiva de una persona de vivenciar la manera en que siente otra persona; esta capacidad puede llevar a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Empatía es también la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales. Como tal es un sentimiento objetivo cuyo desarrollo requiere una cierta clase de inteligencia.

Las teorías modernas distinguen la empatía de la simpatía. La empatía implica un proceso de comprensión e inspección intelectual que accede a los estados emocionales de los otros, mientras que la simpatía es un comportamiento reflejo, de tipo reactivo.

Así pues, las personas con empatía son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones; se anticipan a cubrir las necesidades de los otros antes incluso de que estos acompañantes sean conscientes de sus necesidades.

Ha sido la filósofa Edith Stein quien realmente ha hecho un estudio profundo sobre el problema de la empatía. De un gran rigor filosófico y científico, su tesis de doctorado, publicada en español como “Sobre el problema de la empatía”, habla de la esencia de los actos de empatía en general así como de la noción de persona que se obtiene a través del análisis de estos actos.

¿Cómo se desarrolla la empatía?

La Psicóloga Trinidad Aparicio Pérez del Centro de Psicología Alarcón de Granada ofrece algunos consejos:

La capacidad para la empatía empieza a desarrollarse en la infancia.

  • Los padres son los que cubren las necesidades afectivas de los hijos y los que les enseñan, no solo a expresar los propios sentimientos, sino también, a descubrir y comprender los de los demás.
  • Si los padres no saben mostrar afecto y comprender lo que sienten y necesitan sus hijos, estos no aprenderán a expresar emociones propias y por consiguiente, no sabrán interpretar y sentir las ajenas.
  • De ahí la importancia de una buena comunicación emocional en la familia desde el principio.
  • La capacidad para la empatía se desarrollará más fácilmente en aquellas personas que han vivido en un ambiente en el que han sido aceptadas y comprendidas, han recibido consuelo cuando lloraban y tenían miedo, han visto como se vivía la preocupación por los demás.
  • La capacidad para la empatía se desarrolla cuando las necesidades afectivas y emocionales han estado cubiertas desde los primeros años de vida.

Obstáculos que dificultan la empatía

Muchas veces hemos podido preguntarnos por qué la gente no busca apoyo en nosotros o se retraen a la hora de hablarnos de sentimientos.

Existen una serie de barreras que suelen impedir este acercamiento.

  • Entre los errores que solemos cometer con más frecuencia a la hora de relacionarnos con los demás está esa tendencia a quitarle importancia a lo que le preocupa al otro e intentar ridiculizar sus sentimientos “pero cómo te vas a precocupar por semejante tontería…¡”
  • Escuchar con prejuicios y dejar que nuestras ideas y creencias influyan a la hora de interpretar lo que les ocurre;
  • Prejuzgar y acudir a frases del tipo “lo que has hecho está mal”, “de esta forma no vas a conseguir nada”, “nunca haces algo bien”… ;
  • Sentir compasión : “¡que pena mas grande¡”
  • intentar animar sin más, con frases como “¡ánimo¡, en esta vida todo se supera”; dar la razón y seguir la corriente.

Todas estas reacciones lo único que hacen es bloquear la comunicación e impedir que se produzca una buena relación empática.

Las personas que están excesivamente pendientes de sí mismas tienen más dificultades para pensar en los demás y ponerse en su lugar.

Por lo tanto, para el desarrollo de la empatía tendríamos que ser capaces de salir de nosotros mismos e intentar entrar en el mundo del otro.

Actitudes para desarrollar la empatía

  • Escuchar con la mente abierta y sin prejuicios;
  • Prestar atención y mostrar interés por lo que nos están contando, ya que no es suficiente con saber lo que el otro siente, sino que tenemos que demostrar comprensión;
  • No interrumpir mientras nos están hablando y evitar convertirnos en un experto que se dedica a dar consejos en lugar de intentar sentir lo que el otro siente.
  • Habilidad para descubrir, reconocer y recompensar las cualidades y logros de los demás. Esto va a contribuir, no solamente a fomentar sus capacidades, sino que descubrirán también, nuestra preocupación e interés por ellos.
  • Hacer preguntas para continuar la conversación y hacer ver a la otra persona que estamos interesados por lo que nos está contando.
  • Intentar avanzar lentamente en el diálogo, de esta forma estamos ayudando a la otra persona a que tome perspectiva de lo que le ocurre, dejamos que los pensamientos y sentimientos vayan al unísono y nos da tiempo de asimilar y reflexionar sobre el tema.
  • Antes de dar nuestra opinión sobre el tema, debemos esperar a tener información suficiente, cerciorarnos de que la otra persona nos ha contado todo lo que quería y de que nosotros hemos escuchado e interpretado correctamente lo esencial de su mensaje.
  • Recordar que en muchas ocasiones la persona que nos habla no necesita nuestra opinión y consejo, sino saber que la estamos entendiendo y sintiendo lo que ella nos quiere transmitir.
  • Cuando tengamos que dar nuestra opinión sobre lo que nos está contando es muy importante hacerlo de forma constructiva, ser sinceros y procurar no herir con nuestros comentarios.
  • Ser respetuoso con los sentimientos y pensamientos de la otra persona y aceptar abiertamente lo que nos está contando.
  • Ser tolerantes y tener paciencia con los que nos rodean y con nosotros mismos para saber aceptar, comprender y respetar las diferencias.

Fuentes:

Lecturas recomendadas:

  • “Sobre el problema de la Empatía”, Edith Stein
  • “Proyecto De Una Psicología Para Neurólogos Y Otros Escritos”, Sigmund Freud
  • “Persona A Persona”, Carl Rogers
  • “La inteligencia fracasada”, José Antonio Marina